A principios de este año se disparó una noticia en redes sociales que revelaba la recaptura de Joaquín Guzmán Loera, mejor conocido por su «nombre artístico internacional»: el Chapo. En seguida, los medios digitales se atascaron con otra noticia: Kate del Castillo mantenía una relación de negocios, e incluso de amor, con él. El ejemplar aparato justiciero de la nación dedujo que la histrión tenía vínculos con el narcotraficante, y que en esas épocas en las que estaba prófugo, sabía en dónde estaba y lo ocultó. Por estas conjeturas, se inició una investigación cubierta por diversos medios de comunicación contra la veterana actriz.

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Gracias a este escándalo, puedo imaginarme por esas fechas al productor (anónimo) de Chapo: el escape del siglo ansioso por estrenar su película a disparo de bala, todo con el fin de aprovechar la inesperada publicidad que se gestó en torno a la película. Desgraciadamente, pero para fortuna de los que la aborrecimos, aún con el gran set de marketing dispuesto por el destino (así quiero creerlo, el destino lo puso), no pudo lograr su cometido de éxito tras el estreno, pues la película es tan monstruosa en todos los niveles que ni el espectador más devoto del séptimo arte sacrificó un día de comida por el costo de un boleto para verla. Digo, la taquilla que registró el filme fue por aquellos espectadores que llegaron al cine de manera errante o porque fueron engañados por la parafernalia fortuita del marketing, el pretencioso título y, por supuesto, porque los motivaba la tan conocida frase: “elige la que empiece luego luego”, pero jamás por recomendación.

Desde el título podemos notar una incongruencia con el argumento de la historia, pues la película, más allá de reconstruir el proceso del “escape del siglo” del Chapo, trata de cómo lo quieren encontrar, capturar y/o asesinar precisamente después de la fuga, la cual no se ve en pantalla jamás: fuimos engañados.

A tunnel connected to the Altiplano Federal Penitentiary and used by drug lord Joaquin 'El Chapo' Guzman to escape is seen in Almoloya de Juarez, on the outskirts of Mexico City, July 15, 2015. U.S. law enforcement officials met with agents of the Mexican attorney general's office this week to share information related to the escape from prison of Guzman and coordinate efforts to apprehend him, a Mexican government official said on Wednesday. REUTERS/Edgard Garrido - RTX1KGJ8

El sonido, masterizado descaradamente con errores, fue notado por mi sobrino de cuatro años quien me preguntó en diversas ocasiones: “¿Por qué se oye así, como feo?”, me limité a sonreír y a decirle que se iban a convertir en extraterrestres los actores. No me creyó, desde luego. Los planos carentes de emotividad, huecos en arte y desangelados en su lenguaje cinematográfico, fueron eslabonados con una edición arrebatada, cortada abruptamente en muchas ocasiones y montada en una banda y diseño sonoros totalmente fuera de contexto o risibles. La manufactura de esta pésima película hace referencia a los videohome que se producían a finales del siglo XX en México, los cuales consistían en filmar guiones de hasta noventa páginas en tan sólo una semana. Los guerreros de esas batallas medievales terminaban hechos pedazos, pero lo lograban: quedaban unas películas perfectamente mal hechas.

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La diferencia entre las producciones de los reyes del videohome, los hermanos Almada, y algunos otros, en comparación con la producción de Chapo: el escape del siglo, está en que los primeros dirigían sus películas a un público que consumía VHS, cuyas rentas o costos de las cintas eran baratísimas: conocían su mercado, eran nobles con él. En cambio, la segunda producción dirigió su churro a la pantalla grande, intentando arrebatarle al espectador el sueldo que se gana por una jornada laboral de nueve desgastantes horas.

En diversos momentos me he preguntado sobre la ética en el cine. Creo que se debe retomar no solo a la hora de producirlo, sino a la hora de ofrecer el producto terminado. Con Chapo: el escape del siglo se intentó engañar al espectador, se ofreció una historia de poco ingenio narrativo y realización, pero en términos de producción, seguramente por una premura que intuyo en el rodaje, se afectó a todo el personal creativo del proyecto a niveles desastrosos, incluyendo al mismo director. El resultado: una película que ningún espectador se merece.


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Leí que vienen cuatro películas más que abordarán diversos momentos de la vida del Chapo; por favor, estimado espectador, si esto es verdad, esté bien al tanto de cuando salgan, pero para que las evite, no se deje engañar por la publicidad y el trailer que en muchas ocasiones es una especie de redentor cuando una película nace totalmente enferma.

https://www.youtube.com/watch?v=Wzaz6SwAugU

Título: Chapo: el escape del siglo, Dirección: Axel Uriegas, Producción: JFPA a través de José Arroyo y Dragon Films, Escrita por: A. Moises P.B., Adaptación: Roberto Flores, Fotografía: Rafa Sánchez, Diseño sonoro: Pedro Martínez, Reparto: Irineo Álvarez, José Sefami, Pascacio López, Kristoff Reczynski, Armando Hernández , Idima: Español, País, México, Año: 2016.

★☆☆☆☆

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