Los abusos de los policías no son noticia hoy en día. Algunos elementos son sansionados o retirados de su cargo, pero otros tantos no. Ver en la red  los videos de oficiales que golpean a civiles me hace reflexionar sobre toda esa historia que el cibernauta desconoce, pero que se resume en unos minutos frente a sus ojos, manipulando su opinión. Por lo general, estos breves videos difunden el momento en que el cuerpo policiaco pierde la paciencia y ejerce el último grado de la justicia: la fuerza, pero ¿todos  los policías serán como se les ha etiquetado?  No nos vayamos con la finta, hoy en día tú mismo puedes subir el video de cómo tu novio o novia te fue infiel, victimizándote, pero desde luego no subirás el desprecio, la ofensa y el despotismo con los que te comportaste. Años nos falta todavía para reconocer nuestros errores y abusos; actos que originan un nivel de violencia más elevado cuando la tolerancia del que nos soporta muestra sus mil ocho mil demonios. Pero vayamos al grano, hace algunos días me topé con esta joya de la antropología audiovisual. Disculpe usted la manufactura, pero está grabada al estilo documentaloso más puro por una cineasta, cuyo lenguaje empleado para la dirección de actores, es loable.

https://www.youtube.com/watch?v=G12q7943exs

La difusión de este video está aderezada con comentarios en los que se arremete contra los policías por su “abuso” de autoridad. Nuestra querida directora-camarógrafa del documental ordena a las policías de modo amable y cariñoso: «¡Déjenla!, hijos de su puta madre». Pero pongamos mayor atención a la escena y razonemos.

https://www.youtube.com/watch?v=G12q7943exs

Los policías arrastran a la civil, no la están golpeando o acribillando. ¿En qué momento jalas algo en tu vida común? Creo que cuando quieres conducir a algún sitio una cosa o un animal (que muchas veces son mensos o rebeldes). Bien, la civil supuestamente violentada del video no es una cosa ni un animal. Desde luego, en el video no se ve, pero intuimos que la ley le ordenó caminar rumbo a la delegación porque fue sorprendida vendiendo productos en el metro en donde ESTÁ PROHIBIDO desde hace años. Ante las ordenanzas de la ley, la vagonera es quien, de manera astuta, decide desvanecerse y convertirse en un bulto de 85 kilos de grasa desparramada sobre el suelo, es una Shakira entrada en carnes a la “tonta, ciega y sordomuda”. Ella es quien decide cosificarse por su propia voluntad, reusándose de un modo “pacífico” a obedecer (aunque le aplica un impecable triángulo de Jiu Jitsu en la pierna a un policía). ¿Qué quería la multitud que berreaba a su favor si la que delinquía no iba por sus propios pies a la delegación? ¿Un trono ambulante para llevarla a su destino cargado por cuatro mamados policías mientras la vagonera comía algún fruto exótico muy al estilo faraones egipcios? ¿Por qué sus colegas, custodiados por otros elementos policíacos, casi al final del video, sí caminan? ¿De qué tratro debería gozar ella por su terquedad?

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Si le ordena repetidas veces a su niño de tres años que no haga esto o aquello y le explica el por qué no lo debe hacer, pero éste insiste y causa problemas a terceros, seguro acostumbra a llevarle una caja de bombones, se le hinca, le besa tiernamente las mejillas y le dice: «Bien hecho». No es así. En su “ejemplar paternidad» le dará un sonoro zape, un jalón de patilla o una nalgada, se lo llevará arrastrando del lugar y le dirá: “te dije tres veces NO. Te lo ganaste”. ¿Por qué nuestra ley no puede actuar del mismo modo contra esos «civiles» empecinados (vagoneros) en causar daño de algún modo a la sociedad? Si digo diez pasajeros del metro, creo que al menos ocho de ellos son atormentados por el escándalo con el que los vagoneros violentan el silencio del transporte. Las obsoletas peroratas que esgrimen para vender sus ciento cincuenta éxitos de reggaetón del momento llenan de tensión todo el ambiente.

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¿Cuál fue el trato que las autoridades hicieron para que la línea 12 carezca de estas “personalidades” del comercio? ¿Por qué ahí suena música clásica, jazz o de meditación en las bocinas del propio transporte durante todo el trayecto? De verdad, es un placer viajar en esos vagones. Pienso que todas las líneas podrían emular el ejemplo. Incluso, pueden poner horas de narración de cuentos, noticias, charlas sobre amor, sexo o frases motivacionales para hacer menos fúnebre nuestra calidad de GodinezEsclavosSinVida en un transporte en el que pelamos los dientes y nos convertimos en gladiadores solo por un asiento apestoso y miserable. Usen las bocinas de todas las líneas del metro no únicamente para los laaaaaaaaaaaaaaaaaaaargos y  ensordecedores “TUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU” con el fin de avisar que cerrarán las puertas del vagón. Ideen una programación, una especie de radio que entretenga y nos haga olvidar las cargas del trabajo, las humillaciones del jefe, la infidelidad del amor de nuestras vidas y toda la cantidad de cosas con las que hemos sido envueltos en nuestra humanidad. Probablemente es idealista lo que propongo, pero ¿a poco no nos haría más llevadera esta vida? ¿No suena mejor que oír el frigobar musical de los vagoneros y sus gritos en nuestra cara?

Bueno, mientras ustedes reflexionan sobre esto y el mal que les causamos, estimados pasajeros, iré a quemar los últimos cien discos que me faltan para venderlos en el metro. Discúlpenme, pero con la gran cantidad de empleos que hay en México para los escritores y, en general, para cualquier profesionista, cuyas vidas han sido consumidas en licenciaturas y maestrías sin fruto alguno, más que el de tener títulos llenos de telarañas en la pared, tengo que sobrevivir de algún modo. Les pido que me tiren un paro con sus oraciones a San Judas Tadeo para este veintiocho de mes, no me gustaría que los policías, «¡hijos de su puta madre!», me arrastraran como a la pobre de mi tía. Prometo que si le brincan por mí, seguiré escribiendo en esta revista.

Muerte al policía.

Muerte al vagonero.

¿O muerte a nuestro ineficiente gobierno?


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Foto de portada: www.graciemag.com