Estás en un paseo familiar en un día soleado. Ves a tus seres queridos sonrientes y bromeando, hace mucho que no la pasaban tan bien juntos. Están por decidir si comer hamburguesas o alguna otra opción culinaria de un domingo normal. Van en la vieja camioneta de tu padre.

De pronto un auto cierra el paso en una calle pequeña y solitaria, las risas disminuyen y comienza una extraña tensión. Del vehículo descienden dos o tres sujetos con la cara cubierta, alcanzas a distinguir armas y es fácil predecir lo que sucederá a continuación. Miras alrededor pero no ves una salida clara, de pronto el espacio se reduce y tienes claustrofobia. Se te ocurren diez mil ideas para escapar del peligro pero sólo continúas ahí en el asiento trasero, sentado mientras los hombres sombra se acercan cada vez más.

Abres los ojos… pero la inmovilidad sigue. Peor aún, sientes que tus músculos están presionados por algo, mas no sabes qué es. Recorres todo con la mirada y te das cuenta de que estás en tu recámara, pero de alguna forma la sensación de peligro aumenta. Quieres gritar pero la presión en tu pecho impide articular palabras claras, generas sonidos guturales que sólo sirven para aumentar tu desesperación. Y cuando miras al frente… ¡ahí está! ¿Un hombre? ¿Una entidad sobrenatural? No puedes asegurar nada, lo que sea que esté ahí tiene una distinguible forma humanoide, sólo eso, no hay gestos ni rasgos perceptibles: es pura sombra. Entiendes que te está viendo, sabe de tu vulnerabilidad y esperas lo peor…

Por fin… respiras, logras mover los brazos y la cabeza. Miras de nuevo alrededor y la habitación está en calma. No hay nadie al pie de la cama y el ambiente de peligro se ha disipado por completo. El ánimo de dormir desapareció, pero sabes que debes de volver a cerrar los ojos, pues mañana tienes que ir a trabajar o estudiar como todos los días. Te arriesgas y sólo puedes esperar que esa experiencia no se repita.ghosts-gespenter-spooky-horror-40748

La descripción anterior corresponde a uno de los episodios más claros de este trastorno que tengo desde la infancia. El documental The Nightmare (2015) esclarece bien las múltiples variantes de la parálisis del sueño y muestra cómo es un mal que no respeta fronteras ni lenguajes, al parecer tampoco hay un camino claro y eficiente para solucionarlo.

Recordar este mal también me predispone a pensar en las posibles formas en que se traduce hacia el mundo exterior. ¿Qué pasa si no es una afección individual, sino social? En primer lugar se necesitaría de una situación onírica, no buena ni mala, sólo tiene que ser suficientemente nítida como para recordar unos cuantos detalles.Un sueño como la promesa utópica de un futuro mejor que existe en cada generación, en el caso millenial es el del flujo libre de la información y los dispositivos electrónicos para una vida más llevadera. Apps y ciberactivismo por doquier, serían piezas fundamentales de un mundo más justo y brillante.

Después de un tiempo, ese sueño trajo a los hombres sombra: la primavera árabe se transformó en hórridas guerras civiles; el ciberactivismo de Anonymous provocó la militarización del Internet y el espionaje a gran escala de los gobiernos; 4chan y la libre posibilidad de opinión online provocaron el surgimiento de la Alt right y el ascenso de Trump al poder. Hint: ciertos hábitos autodestructivos nos llevan a los episodios de parálisis del sueño rutinariamente, ¿será que la ignorancia y el miedo a los otros son el equivalente colectivo de las cenas pesadas y la toma irresponsable de estimulantes nerviosos?

Abres los ojos pero no te mueves. Te sientes inútil ante el inminente peligro que trasladaste del mundo de los sueños al real, ¿qué hemos traído del sueño por una realidad mejor? ¿Podremos despertar? El problema es que los hombres sombra no desaparecen con el tiempo, sólo se actualizan. Antes ya se había lidiado con los fantasmas de la destrucción global, del hambre y la pobreza. Quizá el detalle no radica ya en «despertar» para poder alcanzar un estado superior de consciencia, como proponen las corrientes del New Age y el Mindfulness. El mal de nuestra generación no es estar dormido, es estar paralizado mientras las sombras nos rodean.

Hay formas de lidiar con el trastorno. La principal implica no entrar en pánico y poco a poco ser consciente de que nuestras funciones vitales están ahí. Recobrar la respiración, la vista y el tacto. Finalmente, entrar en movimiento y ser consciente de que la sensación de peligro se ha disipado.

El último peligro al que se enfrenta la especie humana es que haya algo peor a la parálisis global del sueño, tal vez no queremos descubrir al monstruo que habita en el armario. Supongo que la única forma de saber lo que nos espera es abriendo la puerta.

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