Seguramente recuerdas una imagen que haya marcado tu memoria, que con sólo verla tu interior se desplome. Navegando por el catálogo de Netflix, entre blockbusters y comedias ramplonas, mi mirada fue sometida por un still de Paris Texas; diez años sin ver aquella imagen. Tan poderoso es el lenguaje cinematográfico que, sin siquiera recordar fielmente el argumento de la película, sentí un malestar emotivo con los pocos destellos fotográficos que se dibujaron en mi mente. Paris Texas me había marcado con violencia a pesar de que en la propaganda aparecía, paradójicamente, una rubia de complexión delicada y vestida con un suéter rosa.

Paris texas Jane
Jane, esposa de Travis en «Paris Texas».

Con esta obra estrenada en 1984, mientras mis padres planeaban mi no planeada existencia, Wim Wenders decidió explorar el tema de la culpa con su personaje Travis: un maltrecho forastero que después de cuatro años de vagar es encontrado por su hermano Walt para regresarlo a casa y reconstruirle parte de su antigua vida. Travis tenía una familia: Jane, su esposa, y Hunter, un niño de apenas dos años. Los perdió. Los celos que se le erguían como mil demonios por la juventud y belleza de su esposa lo ahogaban de alcohol e ira, misma que descargaba sobre su mujer a golpes. La encadenaba para que no saliera, para que no lo abandonara. Después, un incendio consumió todo lo que aparentaba ser un hogar. Entonces, el dolor y la profunda tristeza le produjo una amnesia a Travis que lo eclipsó y expulsó de Los Ángeles hacia un tórrido ambiente texano, mendigando más olvido.

La lucidez que distingue a Wenders en esta película es propia de un genio cuando analizamos cómo mezcla los géneros dramáticos y cinematográficos en una historia que, por su naturaleza, exige la ausencia de clasificación, de identidad. Los elementos de la pieza en Travis nos presentan a un personaje despedazado psicológicamente sin razón aparente. A través de una incipiente intriga y de la reconstrucción identitaria, Wenders nos interna en los terrenos escabrosos de un thriller que magnifica su tensión conforme Travis recoge pedazo a pedazo su pesado; y la búsqueda, como empuje del drama, nos llevará de un lugar a otro en una road movie en donde el encontrarse será el principal estimulante para desear el olvido.


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Paris Texas es el tipo de película que lanza cuestionamientos sobre la importancia del vaciarse. El desierto de Texas, en primera instancia, promete ser una metáfora de la soledad y la infertilidad espiritual que atraviesa Travis por la culpabilidad que lo ahoga, no obstante, también debería leerse como la depuración de la vida misma, el retorno a la austeridad de la experiencia y la pasión; el nacer de nuevo. El objeto del personaje es regresar al lugar en el que fue concebido por sus padres, como si ese sitio, Texas, representara ese embrión desprovisto de tristeza y felicidad: los dos catalizadores de ansiedad de la vida humana.

Hace diez años que vi esta película y, reencontrarme con ella, fue recordar el día en el que entendí por primera vez el por qué de la violencia de mi padre: un hombre que como Travis, apresado por las gárgolas del autoritarismo, los celos y el alcohol, deformaba el rostro de mi madre con sus nudillos. Wenders me reveló que en muchas ocasiones los actos violentos están precedidos de debilidades, de un descontrol emocional que hace agonizar de sol a sol a quien hiere. No solo pierde quien es golpeado, sino quien golpea, pues en la mayoría de los casos, la raíz de la culpa se extiende vislumbrando una posible autodestrucción física o psicológica. Cuando veo a Travis en Paris Texas, veo a mi padre, pero ahora ya no como el endeble «villano» que arrojó la bomba compulsiva de su cólera sobre mi familia, sino como el ser humano, ignorante de sí mismo, que, antes de encarar los demonios y postrarlos bajo sus pies, los invitaba a beber para supuestamente domarlos, aunque en realidad los fortalecía más. Como Travis, mi padre perdió a su familia, sin embargo el fracaso no siempre conduce a la desesperanza, sino que también invita a comenzar de nuevo, siempre y cuando los demonios sean puestos por estrado para no volver a lastimar a nadie más.


Título: Paris Texas, Director: Wim Wenders, Guión: L.M. Kit Carson, Adaptación: Sam Shepard, Fotografía: Robby Muller, Música: Ry Cooder, Casting: Harry Dean Staton, Sam Berry, Bernhard Wicki, Dean Stockwell, Género: Drama, Idioma: Inglés, País: Almenia, Francia, Año: 1984.

★★★★☆

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