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Las Pussy Riot en la catedral de Moscú

Sin duda alguna, las redes sociales han depuesto regímenes al mismo ritmo que han afianzado otras tiranías. En menos de unos 5 años, estaremos frente a la primera generación de ciudadanos (sí, esos que votan, pagan impuestos y tienen voz dentro del Estado) inmersos totalmente en el uso del internet y, específicamente, en las redes sociales. Una generación que ha sido testigo de cómo el mundo ha logrado episodios como la llamada “Primavera árabe”, donde, gracias al uso del internet, lograron en 2011 acabar con dictaduras en Egipto, Túnez, Yemen, Libia; sin embargo, también fueron espectadores de uno de los males más viejos de la humanidad: la necesidad de conservación de las estructuras de poder. Porque si, como decía el viejo y sabio Foucault, el poder no se crea ni se destruye, sólo se transforma, podemos asegurar que hay discursos que, lejos de erradicarse, logran transformarse hasta modernizarse y generar nuevos adeptos. De esto hay muchos ejemplos: la Iglesia, la política y, en general, instituciones cuyos discursos nos vuelven contra nosotros mismos.


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Si juntamos esto con el uso de las redes sociales, encontramos un canal efectivo para la distribución y adoctrinamiento. Casi como por la mano de un mercadólogo, términos y etiquetas nuevas van surgiendo para demeritar los discursos que se oponen.

Pienso, por ejemplo, en feminazi.

Este término que surgió para señalar a aquellas mujeres que, a consideración de las mentes “progresistas”, llevaban al feminismo al extremo, acusándolas casi de querer eliminar al género masculino y culpabilizando a los hombres de muchos de los males sociales de la mujer. Y no es que estén tan alejadas de la realidad.

Según la ONU, la violencia de género se define como: “Todo acto que cause un daño físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada”.

Y sí, en México somos expertos para disfrazar la violencia.

A pesar de que en México, según el INEGI, 2 de cada 3 mujeres han sufrido violencia de género; que la violencia psicológica representa el 50% de los casos; de que en 7 años (2006 al 2013) se contabilizan alrededor de 3 mil feminicidios sólo en el Estado de México; de que, según la OCNF (Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio) son asesinadas al menos 7 mujeres por día en México, hay quienes creen que el feminismo ha triunfado y que además, representa un riesgo para los hombres.

En algún lugar de Facebook (y de las mentes de quienes reproducen este discurso), México es un país seguro e igualitario. Una nación donde la violencia del narcotráfico es la misma que la que produce los feminicidios. Que no hay un discurso machista, que todas son leyendas inventadas por las “feminazis” y que ya va siendo hora que alguien las ponga en su lugar.

¿Les suena familiar?


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Sí. Como discurso de poder, el machismo genera las condiciones para mantenerse a la alza y, además, demeritar los discursos que lo cuestionan (sí, como el papá autoritario que no permite que nadie le pregunte por qué hace las cosas). Busca mutar para mantenerse vigente y reproducirse.

Lo peligroso son esos proto-ciudadanos que, en menos de 5 años, comenzarán a ejercer su voto.

Por Paola, la mujer trans asesinada en Buenavista; por Itzel Durán, la joven trans asesinada en Chiapas; por Érika Kassandra Bravo, joven enfermera asesinada en Michoacán por su padrastro; por todas las mujeres que no son estadísticas sino madres, hijas, hermanas.

Por todas.

No a la violencia de género.

Te dejo Violencia machista, de Ska-p


Foto de portada: www.roartist.com

Foto Las Pussy Riot: www.elbigoteobsceno.com