Siempre me ha parecido absurda la frase: “siento envidia de la buena”. Según la RAE, la palabra «envidia» tiene dos acepciones: «1. Tristeza o pesar del bien ajeno. 2. Emulación, deseo de algo que no se posee». ¿Qué de bueno puede tener la envidia si, aunque sientas regocijo por el bien del otro, descubres ser un persona insatisfecha con lo que tienes y has logrado? (y no es tu culpa, el sistema motiva la competencia desde posturas desiguales). En realidad, lo que la frase dice es: «siento envidia, ¡pero no debo mostrarla! Porque seré vista como una enferma mental»; o «no debo revelarla porque todos tienen una impresión bondadosa de mí» (sonríes como imbécil).

¡Al carajo! Yo sí he sentido envidia algunas veces. ¿De verdad tú no? Si bien no la revelo, prefiero no caer en una incongruencia diciendo que es «de la buena». Mejor me quedo callada y sigo en lo mío. Expuesto lo anterior, confieso que siento envidia de Diego Luna. Esperen, no me marginen ni me digan enferma, pobrecita y demás. No es por su gran carrera, bien sabemos que le ha costado un pollito y medio llegar hasta donde está. Siento envidia de Luna porque hace poco lo vi en un videoclip con uno de los tantos amores platónicos que la poderosa, inigualable y pérfida industria musical estadounidense ha logrado encajar en mis noches mojadas. Hablo de:

KATY PERRY 

rayas

verde

Lo siento, tenía que poner una par de fotos para que me comprendieran. Sé que a más de uno (o una) se les puso el chino encuerado… digo, encuérame el chino… lo siento, la encuerada está chinita… bueno, ustedes me entienden. La sensualidad que desborda esta divina creación, con solo dirigir una mirada al lente de la cámara, desploma el universo. Bien, pues este encanto de raíces cristianas lanzó allá por el 2011 un video titulado «The One That Got Away»en el que se presenta la tragedia psicológica de una mujer que, después de haber logrado llegar a la senectud, casada y con una vida en la opulencia, rememora al amor de su vida (Diego Luna), un artista visual con el que vivió su etapa de mayor libertad y locuras de juventud. Evitando las escenas sexuales, la curva del enamoramiento se centra en la emotiva convivencia hasta que llega a lo que todos ya conocemos: los desacuerdos, las discusiones y los pleitos de pareja, mismos que, si no se mantiene la cabeza fría, pueden traer consecuencias irreversibles; es decir, tanto la melancolía como la culpa son fantasmas que conducen la esencia de esta depresiva canción.

Pero denle click para que vean y escuchen de lo que les hablo.

Un minuto de silencio por aquellos amores que murieron simbólicamente y toda una vida por los que murieron en la realidad… ya sé que estás recordando al amor de tu vida con suspiros ahogados. Por mi parte, recordé mi envidia por Diego Luna (ya se me había olvidado). Seguro tú también quisieras abrazar, besar y ver de frente los ojos de Katy Perry, si no, quizá con este par de videos más que te comparto logre hacerte cómplice de mi envidia. Mientras tanto, seguiré pensando si en realidad es envidia (“buena” o mala), o más bien un inconsciente malinchismo; aunque tenga una sincera y profunda admiración por los esfuerzos y logros profesionales del gran Diego Luna y, peor aún, acepte que hace un buen trabajo en el videoclip.

Estoy confundida. Tú, ¿qué opinas?


Mayra Aguirre. Música de tiempo completo y escritora cuando la sangre le hierve. No cree en el feminismo, pero sí en los derechos humanos aunque, en muchas partes del mundo, sepa que las mujeres sigan siendo infrahumanos. Uno de sus secretos: tiene un amor platónico con Katy Perry.