(Des)cubrirse el rostro

Tuve que colocarme una vieja playera a manera de pasamontañas para limpiar el espacio detrás de la estufa en mi cocina, en un gesto de paranoica precaución ante un cúmulo de polvo que no fue tan terrible. Cuando pasé frente al espejo desfilaron en mi mente distintos arquetipos y personajes que se cubren de esta manera, todos dejan algún rastro difícil de ignorar.

Ninjas, aspiración y desengaño

Hay que aceptar que la exposición convencional al Animé, caricaturas o series te hace querer ser un Ninja durante la infancia. El rostro cubierto significaba la intrepidez, astucia para ocultarse y lograr hazañas. En ese orden de ideas, cubrirse el rostro otorga ciertos poderes más allá de las capacidades infantiles promedio; no los poderes de un súper héroe, por supuesto, pero sí habilidades básicas como lanzar estrellas shuriken, manejar la espada y desaparecer en una nube de humo. Los Ninja perduran en su fama porque están en el panteón de las figuras que muchas clases de geeks (en mi caso un geek de las artes marciales) admiran.

Sin embargo, crecí y supe que los Ninja (shinobi) raramente ocultaban su rostro o se vestían de negro. También que la infiltración y el espionaje no eran tan bien vistos por los japoneses que vivieron antes de la restauración Meiji y, aunque existen escuelas de un arte marcial llamado Ninjutsu, el encanto se diluye cuando te enteras de personajes como éste:

Por lo tanto, mi primer ejemplo de cobertura facial explica grosso modo la construcción de un mito y su derrumbe, la pérdida de la inocencia en distintas coyunturas de vida.

Marcos, ser uno, ser cualquiera

 

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Adquieres piezas de información a lo largo de los años y luego juntas el rompecabezas: te enteras a los 6 o 7 que hay un hombre llamado Marcos; a los 15 entiendes la historia del ejército revolucionario llamado EZLN; a los 19 aprendes que la lucha zapatista se mueve en un plano altamente simbólico y su objetivo es trascender más allá de cualquier acto de verdadera revolución armada; a los 24 que los simbolismos se ven siempre rebasados por la dureza de lo pragmático y, en el plano cuantitativo de logros, el EZLN se queda corto, o al menos más de lo que personalmente te gustaría.

Marcos expone la paradoja de ser el rostro visible de un movimiento, aunque se cubra con un pasamontañas. Es la evolución de una entidad revolucionaria a un icono contracultural valioso, pero en cierto punto insuficiente. Marcos también deja la lección de que en ocasiones para representar algo en lo que se tiene convicción, es necesario dejar de ser uno mismo. Hasta que la realidad neutraliza a la ideología nueve de cada diez veces. Saludos a los idealistas.

Aquellos que no van a esquiar

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Ahora la parte no divertida. Bagdad, Aleppo, Río de Janeiro, San Pedro Sula, Nuevo Laredo…en cualquier parte del mundo, justo ahora, hay alguien a punto de morir, y lo último que esas personas verán es un rostro cubierto. Porque la pragmática de la muerte, Murder 101, contiene un apartado de parafernalia para el asesinato. Es simple, práctico y devastador para efectos psicológicos si se quiere intimidar antes de matar.

¿El pasamontañas hace al sicario? ¿Es más fácil jalar el gatillo o cortar si se oculta toda expresión facial? Soy escéptico de que la carga simbólica en estos casos trascienda a los ejecutores. Para un Zeta el cubrirse el rostro y delinquir significa el cobro tranquilo de un honorario; un miembro de ISIS tal vez se llegue a sentir más cerca de Dios, pero no nos hagamos tontos, también esperan llegar con sus 72 vírgenes que presumiblemente aguardan desnudas jugando en el paraíso.

Absurdo, que el mismo acto simbólico genere efectos dispares. Un fin concreto para el perpetrador; mientras que para una madre en Siria o un periodista en Tamaulipas, ver un pasamontañas es ver al diablo mismo.

Capucha de palabras

Parece que este hilo de pensamiento no llega a ningún lado, pero pienso en aquellos que usan pasamontañas tejidos de palabras. En los políticos que prometen para robar más tarde; en los que engañan para obtener dinero, poder o sexo, o simplemente para mantener una falsa sensación de estabilidad.

Más compleja aún es la máscara del autoengaño, cuando frente al espejo nos convencemos de ideas que no van con el día, necesarias para saludar a los jefes y pagar las cuentas. Mas una vez, al menos por un día en la vida de todos, esta prenda multifuncional debería guardarse y todos exponer nuestros rostros desnudos, sólo por la sana curiosidad de saber qué pasaría.

Terminé el aseo de mi casa, ahora no sé qué cubierta facial usar para salir de nuevo.

https://www.youtube.com/watch?v=kD8hbg67u5c